DESDE CHIAPAS I

Una vez andaba por San Francisco, California y me llevaron a huevo a un bosque dizque muy chingón. Fui una segunda vez y de nueva cuenta tuve que ir a ver árboles gigantes (muy respetables) y presenciar la habilidad de los gabachos de venderte hasta las hojas que se caen de dichos árboles y la ansiedad por comprarlas. Insistí que no valía la pena y que seguramente en México tendríamos bellezas naturales muy superiores. Total que esta semana me la he pasado en Chiapas y ayer fui a "El Chiflón", unas caídas de agua naturales que al verlas no puedes respirar, en parte porque es un gran pedo llegar y si traes un pie puteado y sobrepeso es una gran hazaña. El camino desde Tuxtla es un tanto accidentado, ha llovido y hay hoyos en la carretera. Las nalgas me duelen de tanto estar sentado en la camioneta cuyo asiento es duro como tabla. El calor está sabroso pero no es sofocante. Después de como 3 horas de camino ves "El velo de novia" a lo lejos, partiendo las montañas. Estamos a unos 20 kilometros de distancia y se ve imponente. Ya quieres llegar. Pero bueno, ármate de algo de paciencia.
Llegamos al parque y no hay gente, no hay turistas, solo los encargados de la seguridad del lugar y unos 10 visitantes locales. Ah! Y una cuadrilla de trabajadores que reparan uno de los puentes ya que durante las lluvias pasadas la fuerza del agua se lo llevó.
Y comienza el ascenso.
Desde ayer me duele mi pie pero no hay pedo, nuestro amigo chiapaneco dice que valdrá la pena el esfuerzo. Comenzamos a subir por el sendero de madera, escalones de piedra, madera y arcilla. Algunas pendientes empinadas, algunos descansos y ya se escucha el agua lodosa que en las postales es azul-cristalina. Lo que pasa es que ha llovido y se revuelve todo: arcilla, agua, tierra, hojas, piedras. Ya se pueden ver pequeñas caídas de agua. Pequeñas comparadas con la principal, claro, pero no por eso "inofensivas". Hay letreros de "prohibido nadar".
Seguimos subiendo a un costado del río por el sendero que en cierto punto está obstruido por unas pinches piedrotas del tamaño de un vocho. ¿A poco se cayeron hace poco por las lluvias?. Si. ¡Ay cabrón!, no se les vaya ocurrir a otras caerse en este momento. ¿Y si llueve?. De hecho está lloviznando. Chale.
A veces, la subida es empinada y mi pie derecho comienza a quejarse aunque dice el podólogo que "no tengo nada". Uta, pues la "ilusión" de dolor es muy real.
El calor hace que sudes un chingo y el rocío de la corriente de agua que cae cientos de metros también te va mojando. Vas entre resbalándote, entre caminando y entre escalando. Nuestro amigo chiapaneco hace que se vea re-fácil pero voy arrastrando mi pie, mi peso, el dolor en las pantorrillas y marinado en mi sudor y en agua. Bien. De repente, la escena es como en esa película donde unos gueyes andan buscando a "Depredador" solo que si nos está viendo ese personaje, no nos va a cazar, se va a sentar a vernos cagándose de la risa.
Ya cuando estoy escupiendo mis pulmones... viene otra escalera. Ya cuando estamos cerca, las punzadas en la pantorrilla las traduzco al español: *"¿Pero qué tal los tacos de carnitas los viernes?"*.
Comienza a escucharse el rugido del agua un poco más intenso y ahí está: El Velo de Novia. Gran caída de agua bellísima. La emoción es mucha. Hay una que otra lágrima de dolor y de satisfacción por llegar pero el rocío las disimula muy bien. Desde este mirador, notamos que del otro lado se llega aún mas cerca a la cáscada y en un "pequeño" montículo, los visitantes locales se acercan a la cída de agua y reciben el rocío que a esa distancia ha hasta de doler. Pero vemos como la gente abre los brazos y lo recibe como una bendición. Después de todo, ¿es agua, no?. ¿Habrá algo más valioso?.
El guía dice que más arriba hay más caídas de agua.
¿Valió la pena el esfuerzo?.
Por supuesto que sí.

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