El cuerpo como liberador.

“¿Te vas a ir a encuerar para la foto de Tunick?” fue la pregunta obligada la semana previa al acontecimiento. Si, acontecimiento porque en un país como el nuestro, en una sociedad como la nuestra, el cuerpo aún es transgresor. El cuerpo (no debería) aún insulta. El cuerpo (no debería) aún asusta. El cuerpo mueve masas, llama la atención, encarcela a algunos, libera a otros, embellece, une y separa.
Días antes, en una revista dedicada a ese sector social integrado por “ricos y millonarios con algo de culpa” que en lugar de heredar el negocio del papá político o empresario mejor se dedicó a “la cultura”, se les hacía la misma pregunta: ¿Vas a posar para Spencer Tunick?. Las respuestas iban desde la señora risueña y traviesa que decía “Si! Mi hija me inscribió” hasta el mamón que ya lo sabe todo: “De ninguna manera: eso no es arte”.
LA DESNUDEZ PROVOCA TODO TIPO DE REACCIONES y con eso en mente mi primera reacción fue la envidia, luego el temor y después la incertidumbre. Envidia porque siempre he pensado que cuando la gente está desnuda es muy diferente a cuando anda vestida. Desnudo hablas con la verdad. Se quitan algunas barreras. Se es menos mamón. Tal vez se siente uno vulnerable y te solidarizas con los otros vulnerables que no están DEPENDIENDO de marcas como Lacoste, Nautica, Tommy Hillfiger ni DKNY para que “hablen” por ell@s. Y vaya que eso necesita nuestra sociedad, toda. Ser verdadera, quitar algunas barreras, quitar todas las marcas que uniforman, ser menos mamona, darle más importancia a las marcas REALES como son las cicatrices, las estrías, los bronceados de raza y no de “turista extranjero en tu propio país”, las mordidas de perro, las marcas de varicela, las vacunas, las imperfecciones que te hacen únic@ y no las “perfecciones” artificiales que te hacen igualit@ a todos los demás que tienen los recursos para comprarlas.
Me hubiera gustado mucho ver las reacciones individuales antes que la reacción de la masa. La masa muchas veces se comporta como un niño idiota y bueno, hay cronistas y reporter@s que lo atestiguaron ahí mismo, en la plancha del Zócalo.
Mi temor era que se diera alguna reacción estúpida y militante de ese sector mocho de nuestra sociedad que anda muy envalentonado porque puso a un Presidente que “comulga” con sus visiones e inhibiciones. Otro temor estaba provocado por nuestra falta de preparación. Todos deberíamos estar preparados para vernos desnudos y ver gente desnuda SIN agredir. “Nacimos desnudos” dicen por ahí pero nos han vestido hasta el cerebro. Desnudar el cerebro está más cabrón. Hay un juego de poder en el hecho de que haya “desnud@s y vestid@s”. Los que tienen ropa CREEN estar protegidos y que pueden abusar de los que están desnudos. Basta ver la cara de toda la bola de culeros que, sin pedir permiso, apuntan su teléfono celular a la zona genital de las chicas. Ni siquiera al rostro o al cuerpo entero, no: a la zona genital. Y no me refiero a un permiso expedido por la Delegación o por Tunick, sino a un permiso de la persona que vas a fotografiar, una sonrisa de complicidad o de consentimiento. Más bien, se da por hecho que como la chava anda encuerada pues todos pueden hacer lo que quieran con ella. PELIGROSO. Muy peligroso. Y recuerdo otra vez las palabras de un Doctor especializado en el comportamiento humano: la masa muchas veces se comporta como un niño berrinchudo e idiota. Y recuerdo las palabras de un articulo en el periódico: La conciencia de uno es vencida por la inconciencia de otros.
La incertidumbre comenzó la noche anterior a las fotografías de Tunick: Se anunció por todos los medios en donde se llevarían a cabo y creo que eso rompió un poco la MAGIA.
Ya no había privacidad que, aunque hayan ido 20 mil personas, no es lo mismo que haya 20 mil personas desnudas y 100 vestidas tomando fotos y mirando las tetas y el vello púbico de tod@s. La misma incertidumbre que se siente en una fiesta swinger cuando hay 6 parejas desnudas y un grupo de 40 ojetes sin pareja, vestidos, poniéndose pedos.
Se perdió la “igualdad de condiciones” y pude escuchar al grupo de amigos en Ecatepec, en Tecamachalco, en la Condesa, en Neza, en la Pencil, en Cuemanco y en Satélite, diciendo el burdo:
“Ai’ kir a tomar fotos al Zócalo, guey”
“Le damos un varo a los polis y vas a ver que nos dejan pasar”
“De seguro van-ir unas viejas bien chidas”
“Tsssssi, a huevo”
Que bueno que, aunque si hubo episodios penosos y groserones, no se llegó a la violencia extrema. Y felicidades a tod@s l@s participantes por desnudar no solo su cuerpo.
Creo firmemente que hicieron algo que va mucho más allá de la foto de Tunick y espero que juntos lleguemos a escuchar el eco.
Y perdón si estoy haciendo un análisis mamón de algo que es o debería ser LUDICO y placentero. Lo es. Solo que en México falta aún mucho por hacer para que el cuerpo desnudo sea visto y aceptado como algo normal, bello y divertido. Falta quitar clavos y vidrios para entonces acostarnos encuerados en la playa, en la azotea y claro, en el Zócalo.

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