Blas Blanco y las habitaciones voladoras

El hotel es minimalista en tonos azules y grises. Limpio y ordenado. Pasar la noche aquí seguro lo debe resentir la cartera. Por el ventanal, mi acompañante (mujer, delgada, morena clara) está mirando hacia un lago artificial que debe estar a 4 ó 5 pisos abajo. Ya ha comenzado a oscurecer pero no ha caído la noche por completo. Estoy en la cama aún vestido y el radio se prende sin que yo hiciera nada. -A lo mejor estaba puesto el despertador-. La canción es bailable, sin voz, entre hip-hop de calidad y electrónica. -Ven. Deja de quejarte y acuéstate un ratito aquí conmigo-.
Ya los dos en la cama mirando el techo llevamos el ritmo de la rola con los pies. Nos da risa que por nuestros movimientos, ya la cama también se tambalea a ritmo. Pero, como siempre que tiembla, soy el primero que siente algo: -Espera, espera!-. Dejamos de mover los pies y aguantamos la respiración. Efectivamente, la cama ya se está moviendo SOLA y al ritmo de la rola. Yeah! -Esto está poca madre-. Los movimientos son fuertes ya pero sin llegar a bruscos.
La música se deja de escuchar, la cama se detiene. Hay un pausa donde lo que se oye a lo lejos son los sonidos de una cocina de hotel. Pasan 5 segundos y creo que estoy mareado. -No, a ver, espérame. Creo que está temblando-. Mi chica abre los ojos y espera sentir lo mismo que yo. Todo se mueve, casi imperceptible. Escuchamos ruidos como de amarras, como los que escuchas en un cementerio de barcos, como cuando pasan la plumilla en la cuerdas de un bajo amplificado como al inicio de “Bull in the heather”. Siento que el piso se mueve y no mames, estamos en un sexto piso, creo.
No hacemos nada mas que tratar de aferrarnos a algo. Lo que sea. El edificio se va a caer. No como se cayeron las Torres Gemelas sino completamente hacia un costado. Como un árbol. Primero lento. Lento. Y después...seguro lo que sentimos es una especie de caída libre y algo cercano a la gravedad cero. Cierro los ojos. El impacto en el suelo seguro será brutal...
Pero no. En lugar de eso sentimos cosquillas en el estómago y bueno, la verdad es que nuestra habitación está volando.
No sé si estamos ya muertos después del golpe. No sé que está pasando pero escucho gritos de júbilo y no de terror. Según los movimientos, deduzco que el hotel es una especie de “juego mecánico” también. Ahora estamos casi al ras del suelo y los movimientos de las habitaciones son como los de “Las Tazas” de una feria pueblerina pero no tan mecánicos o torpes. Seguro algo de “electromagnetismo” está involucrado. Sublime. Del terror hemos pasado al asombro. Las personas que caminan alrededor del lago miran el edificio en movimiento y tratan de ver quienes estamos dentro de las habitaciones con cara de -jajaja, seguro no sabían y los tomó por sorpresa-. Las habitaciones se detienen. La nuestra queda en la acera. Hay una que ha quedado en medio del lago, suspendida a medio metro del agua. Muchas de las señoras y sus hijas se llevan las manos al pecho y sonríen. Nuestros corazones van al ritmo de la rola que salía del radio.
Hay personal de seguridad caminando entre todos en caso de que alguien se ponga loco o de plano tenga un ataque al corazón real. Se van riendo. Seguro tienen años trabajando en esto pero las reacciones de la multitud ante lo repentino y los desconocido siguen entreteniéndolos (sobre todo cuando hay un final feliz).
Salimos de nuestra habitación voladora y estamos frente a una heladería. No podríamos haber quedado mejor ubicados. -¿No quieres uno de cereza pa’l susto?-. En el mostrador hay un pequeño anaquel con cd’s todos iguales: “Blas Blanco”. Es el autor de la música que uno escucha antes de que empiece el desmadre de las habitaciones voladoras. Blas Blanco. Que mal nombre, la neta. Cuando el tema se escucha en tu radio (que nunca se mueve del buró) ya sabes que viene el re-acomodo de habitaciones. Si lo quieres experimentar, te quedas en la habitación. Si no, tienes tiempo de salir al pasillo.
Que chingón porque he estado muchas veces aquí y nunca me había tocado esto.
Estamos sentados en la cama y ya casi nos hemos terminado el helado. Las personas nos ven, que suerte que no me había quitado la ropa. Y comienza otra vez el tema de Blas Blanco por el radio. Los niños emocionados regresan a su habitación voladora. Una familia decide salir de la suya porque aprovechando que están casi en la calle irán a comer a otro lugar. Yo me agarro de la cabecera de la cama, meto mis llaves, mi cartera y mi cámara fotográfica en las bolsas de la chamarra y las cierro bien. -Corre que ya va a acabar la rola!!!-. Y mi chica sale del baño y se acomoda junto a mí. El tema de Blas Blanco es interrumpido. Hay una pausa de 5 segundos que parece de mucho más. Y comienzan los movimientos, las cosquillas en la panza y el hotel volverá a su forma “original”.
Después de escribir esto procedí a googlear a Blas Blanco. Encontré esta fotografía correspondiente al ajedrecista Blas Mateos Blanco.

¿Será el autor de el tema de las “Habitaciones Voladoras”?. No lo sé.

HOSTS

Warpig