Los viejos adornos

Me cagan los güeyes que se la pasan diciendo que la navidad apesta…y tienen 15 años de edad. Pero claro: me cagan porque me veo reflejado. No vengo de una familia violenta, mi tío no me violó a los 4 años, ni hay una mala relación con mis padres, así que las navidades (teniendo una familia mas o menos católica no-practicante) son re-chidas!. Pero claro, cuando uno pasa por la adolescencia es “cool” creer que se es “cool” por odiar la navidad. Yo fui así como dos años. Eso si: me caga el pedo de los adornitos, y las lucecitas en casa. Me late pensar en “adornar” la casa con mi chica pero…perdón: no lo soporto más de diez minutos. En mi cabeza me imagino una sesión de adorno casero como en episodio de “Friends” pero la realidad es que es tedioso, cansado y pensar en quitarlo a los 15 días hace que me dé sueño y prefiero dormir. Entonces, aclaro: Me gusta la navidad, pero me caga el pedo “adornar”. No le veo nada de malo una rica cena. En casa a veces hay intercambio de regalos, a veces no. A veces hay mas de 50 personas en casa de mis papás, a veces solo 5 ó 6. Entonces…NO TENGO POR QUE ODIAR LA NAVIDAD!!!. Claro, el consumismo desmedido y el bombardeo publicitario son una mamada pero tanto los “publicistas” como las cadenas comerciales están haciendo su chamba. Depende de ti caer o no caer. Pero odiar la navidad solo por “odiarla” se me hace una gran mamada. Una gran pose. Una ridiculez.No importa si es el 4 de julio, el 14 de septiembre, hanukkah, 20 de noviembre, cumpleaños, aniversario o una simple comida: siempre aprovecharé el pretexto para llegar y abrazar a mi familia. Si puedo darles algo que los haga sonreír está chido pero el meollo del asunto es SABER Y TENER LA CERTEZA de que con solo LLEGAR van a sonreír y abrazarme. Van a darme de comer. Van a ofrecerme vino, tequila y yo…los voy a abrazar y a decirles que los quiero. La onda de los “adornos” es intensa. Hay esferas viejísimas en el árbol de mis papás que me hacen recordar cierta atmósfera y olor de infancia, de cuando creía en los Reyes Magos. Que gacho ha de ser para esas personas que cambian cada año de árbol, esferas y adornos. Cuantos recuerdos se van a la basura. Yo, al contrario, agradezco que mi familia conserve muchas de las viejas esferas, muchos de los viejos adornos. Otros adornos me hacen recordar amores pasados, sonrisas pasadas, momentos tristes, pero la onda es que hay material para RECORDAR. Hay personas que renuncian a sus recuerdos. Voluntaria o involuntariamente. Cada vez que veo las viejas esferas y los viejos adornos en el árbol de mi familia me vienen a la mente tantos recuerdos que tan solo por ese sentimiento y esa atmósfera que te hace retroceder en el tiempo y recordar HASTA EL OLOR de tu casa cuando tenías 6 años, vale la pena. Eso si: que chinga ir a hacer colas y pelearte con ñoras mamonas en las “ventas nocturnas”. Me he esforzado por no caer en esas estupideces pero a veces me gusta experimentar. Para mi EXPERMENTAR es ir a una venta nocturna porque nunca lo hago. Me gusta ver la cara de ansiedad de las señoras maduras que quisieran partirse en 9 para formarse en todas las tiendas. Me gusta ver al señor que se queda hipnotizado ante una pantalla gigante que se ve REAL pero que si pudiera comprarla y conectarla en su casa, se daría cuenta que no se ve igual que en la tienda. Eso si: prefiero seguir hipnotizándome con los adornos viejos. Pásenla bien. Y traten de no caer en las garras del consumismo desmedido. Las mejores cosas de la vida son gratis. Neta.

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