Los Infiltrados.

Llego al DF y voy al cine a ver “Los Infiltrados”. Antes, pasa una cortinilla de unas ranas o no se que animales diciendo que apagues el celular, que no seas animal, que tu pinche forma de masticar y que cómo pateas el asiento de adelante. Me dio risa porque todo es verdad. Yo tolero mucho que pateen mi asiento, pero ya como a la quinta vez volteo a decirles “ya estuvo, ¿no?”. Una vez, en pleno concierto de DEAD CAN DANCE, dos ñoras detrás de mi que se ve que en los ochentas habían sido bien drogas y cogelonas, se la pasaron hablando las dos primeras rolas. Ya para la tercera les dije “¡cámara! Ya estuvo, ¿no?”. Pero por lo general tolero demasiado. No me gusta tener pedos. Y menos por ese tipo de pendejadas.Pues ahí estaba yo con mi chica, con la ilusión de ver “Los Infiltrados” de Martin Scorsese. Cuando comienza la película mi chica voltea hacia atrás, algo la molesta. Pero supongo que es algo pasajero y sigo viendo la pantalla. Después… LO ESCUCHO: justo detrás de nosotros ALGUIEN mastica palomitas con el hocico abierto pero… exageradamente crujientes (las palomitas y su hocicote). Mi chica voltea otra vez como para que se note que le molesta. Le digo quedito “ya, ya, no es para tanto”. Pero, ¿qué pasa? Claro, el ente masticador de palomitas aumenta el volumen y la frecuencia como diciendo “a mi no me vas a venir a intimidar”. Y se escucha más y más. Bueno, no pude tolerarlo más y volteo a ver al culpable: era una pareja con kilos de palomitas y pistaches. Iba a decirle al joven “¿te cae que te vas a pasar masticando así toda la película?” pero solo salió un “¿te cae?” Y la intensidad de la mandíbula trituradora disminuyó. Vamos, simplemente cerró el hocico. Y créanme: la diferencia entre masticar palomitas con el hocico cerrado y con el hocico abierto SE NOTA. Bueno, disfrutamos la película. De repente, como a los 30 minutos, hay una escena de acción, gritos, desmadre, pero (en el gran estilo Scorsese) se corta casi de inmediato. Yo creo que la parejita de marranos que estaban atrás de mi apostaron a que la escena duraría un poco más porque… justo cuando acabó y ellos pensaron que continuaría… tiraron al suelo todas las cáscaras de pistache que tenían en (supongo) puños y regazos. Se escuchó como rola de Jorge Reyes en toda la sala. Nadie se rió. Le dije a mi chica que no volteara. Creo que hasta la estupidez a ese grado debe ser respetada. Díganme ustedes, ¿qué tiene de atractivo salir con una chica que mastica con el hocico abierto o con un güey que tira las cáscaras de pistache al suelo durante “Los Infiltrados”? Porque… mira, si estuviéramos en un concierto de los Sex Pistols… pues no hay pedo, ¿no? Recuerdo que antes, las chavas decían “Ay WAR, no seas cochino” cuando me tiraba un pedo en el cine o cuando escupía en la banqueta. Les daba PENA, VERGÜENZA. Pero salir con una “mujer” que no te dice nada al masticar como cerdo y que no le da pena tirar su mierda al suelo del cine, no tiene futuro. Imagina sus hijos. Su casa, su baño. Su familia a la hora de comer. No, no manches. Por cierto, ganó Scorsese.

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Warpig