La vida en Liepzig.

De todo lo que conocí en este reciente viaje por Europa, tocando con una banda amateur, creo que lo que más me gustó o más dejó huella fue la ciudad de Liepzig, en Alemania. Ya comenzaba el frío pero los amigos en esa ciudad me decían que tenía suerte ya que no había empezado a caer nieve. Es fría, si, pero su belleza es peculiar. Sus avenidas principales comienzan a llenarse de anuncios gigantes de autos y celulares pero aún no llega al grado idiotizante de las grandes ciudades. Así es: Liepzig pertenece a ese selecto grupo de ciudades que no son megalópolis pero tampoco “pueblitos” como Kyoto, San Francisco y bueno, algunas otras. La bicicleta es indispensable porque además, todo está cerca: la estación de tren, la universidad, tu casa, las avenidas principales, los bares. Es un placer caminar por sus calles y entrar a sus tiendas de discos que tienen unas JOYOTAS en vinyl. Ya sabes, ediciones alemanas que nunca hemos visto por acá, solo que en euros. También es un placer, después de estar en la casa de un amigo con las ventanas selladas y los radiadores encendidos, salir y recibir el aire frío. Caminar y admirar la belleza de las chicas (bien serias todas) o entrar a las tiendas de segunda mano donde hay artículos bélicos rusos: desde chamarras hasta cascos de piloto aviador. Bueno, hasta granadas. Algo que influye mucho en el ánimo de su población y de los que visitamos la ciudad es su clima y las pocas horas de luz que hay en invierno. Por ejemplo, a las 4 de la tarde ya parecen las 9 de la noche. Eso saca de onda un poco. Y dicen que cuando uno no está en contacto con el sol tiende a deprimirse. Lo que saca de onda a todos los mexicanos que visitan Europa y en este caso, Liepzig es siempre lo mismo: las chicas son de una belleza increíble. Vamos, la gran mayoría de ellas podrían estar en la portada de Vogue y además, son re amables y platicadoras. Solo que muchas también son muy serias, “frías” y hay quien me dijo que era una especie de “timidez” que yo todavía no comprendo. Lo que saca de onda, el shock cultural pues, es que todas ellas sonríen, platican, son educadas y amables. En México estamos acostumbrados a que las chicas (la mitad de bonitas y buenas que las alemanas) sean unas mamonas engreídas o de plática idiota. Así que, cuando uno llega a entablar una conversación con una alemana, de repente el chilango que todos llevamos dentro se salga un poco de la escena y pregunte ¿te cae que estoy hablando con esta belleza? o mejor aún: ¿te cae que esta belleza está hablando conmigo?El problema de los inmigrantes aún no es grave en Liepzig como ya lo es en Berlín, por ejemplo, o en otras ciudades europeas como Madrid. De hecho, hay una buena parte de latinoamericanos estudiando, trabajando y enriqueciendo la vida cultural de Liepzig. Sus habitantes son puntuales, cumplidos y bien confiados. Pueden dejar las puertas de sus casas abiertas, sus autos cargados de cosas o sus bicicletas sin candado y nadie se pasa de lanza. Y el primero que lo haga, ya sabes, seguro no será nativo de Liepzig. Me decían “los mexicanos y los argentinos están locos. Cuando fue el Mundial, se la pasaban aquí en el centro de la ciudad jugando futbol hasta como a las 4 de la mañana”. Jorg Stoker, un documentalista e ingeniero de audio, me dice “cuando trabajo freelance, tengo que andar buscando a los que me deben, luego no quieren pagar o se declaran en banca rota para no pagar”. Le digo que en México, por desgracia, es igual. Tiene una TV gigante y sistema de cable pero nunca ve televisión. Y ese es otra cosa que ha llamado mi atención en este viaje: al menos las personas con las que me relacioné en Alemania, Suiza y España NO VEN TELEVISIóN. A veces les dices “ah si, como en el programa de tal por cual donde dicen que…” y te responden: “No, no sé. Es que no veo televisión”. Por eso, después de poco más de un mes, llego a México y alguien prende la televisión. “No, por favor. No quiero contaminarme e intoxicarme tan rápido. Sé que será inevitable, pero quiero al menos mantener la ilusión de que puedo retrasar el proceso de re-idiotización”. Pruébenlo. No vean televisión un mes. No pasa nada. Al contrario. Se abre todo un VIEJO MUNDO de posibilidades. 

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