Respirando AGRESIONES

Siempre escuchamos en las películas: “Tranquilícese, respire hondo”. Es algo muy sencillo: RESPIRAR profundamente y… soltaaaaaar. Cuando nos alteramos comenzamos a respirar más rápido, a respirar MAL. Esto se me hacía una gran mamada new age de “esposa desesperada”. Hasta que un día, un amigo terapeuta, cuando yo estaba en uno de mis relatos más angustiosos me interrumpió y dijo: “Respira”. Mi primera reacción fue de “’perate cabrón, no mames, si ya viene lo más cabrón”. El insistió. He aprendido que (sin que suene a programa matutino de t.v.) cuando respiras bien, muchos de los “insultos” dejan de serlo. Mucho resentimiento desaparece. ¿Suena bien hippie, verdad?
Necesitamos oxigenar cierta parte de nuestro cerebro que evita que hagamos estupideces, o nos hace tomar malas decisiones o provoca que queramos matar a alguien por el simple hecho de aventarnos el microbús. Ahora, no crean que estoy tratando de decirles que “pongan la otra mejilla”. ¡NI MADRES!. Dice por ahí un sabio y dice bien: “HAY QUE EXPLOTAR… CUANDO SE TENGA QUE EXPLOTAR”. Pero esto no quiere decir que siempre o por la mínima excusa. Los perros y los gatos, antes de agredir, antes de morder y arañar, mandan una señal. Arrugan la nariz o se hacen hacia atrás como diciendo: “cálmate guey o te parto tu madre”. No sé porque para los “humanos” es tan difícil dar esa señal. Y más difícil aún es DETECTARLA. Pero, para eso tenemos EL LENGUAJE. Las palabras.
La próxima vez que vayan a responder algo soez (que no necesariamente lo soez es sarcástico) respiren y piensen si vale la pena. Si van a cambiar en algo el punto de vista de alguna persona y si hacerlo vale la pena. ¿Quiénes somos como para querer “cambiar” a alguien? ¿Nuestra vida está tán de poca madre que vale la pena pasar la receta a otros?. La próxima vez que piensen en no pagar sus deudas, respiren hondo. Saquen el aire y piensen si vale la pena arriesgar su credibilidad, su trabajo y el respeto. La próxima vez que se les cierre un micro y quieran bajarse a partirle la madre. Respiren. Piensen si vale la pena no llegar a casa, con su chica, o su familia, por querer “educar” a alguien que no puede ser educado. Darle una lección. ¿Valdrá la pena?. ¿Es tu misión?. Mi padre siempre lo ha dicho: “Para un cabrón, siempre hay otro más cabrón”.
Respira… y ponlo en la balanza. Creo que viviríamos más tranquilos. ¿Se nota que ahora quiero ligar ñoras de clase de yoga?

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