La Obra Perfecta del Viento

Después de una tocada yo termino agotado. Porque aparte de todas las cochinadas que uno hace durante y después de tocar, también hay mucho trabajo. Si, hay “roadies” que hacen el paro con la cargada de equipo y los “aspectos técnicos” (Eloy, Ezra y Memo, I Salute You!), la distribución de bebidas espirituosas y atender a las chicas arrojadas, etc. Además, cuando uno forma parte de una banda independiente y hasta sin manager (por convicción propia, claro) quiere decir que después de la tocada aún hay que perseguir a “organizadores” para que paguen, lidiar con su staff ebrio y violento (no siempre, pero a veces). O bueno, hasta manejar de regreso a casa es agotador por ir eludiendo drunk drivers. Son las 4 o 5 de la mañana y aún llegando a casa, tienes que bajar equipo del carro y subirlo. Acomodar y al fin… dormir. O al menos intentarlo, muchas veces la adrenalina tarda en bajar.
Este fin de semana dormí bien y sin interrupción. La tocada con los Tijuana Bibles de Canada estuvo salvaje. Me duelen hombros, brazos y piernas. Los ojos aún me arden del sudor que se metió en ellos. Tengo aquí un montoncito de cd’s que he querido escuchar más veces. Incluye OBRAS de Soft Machine, Diana Krall, Gentle Giant, Sick of it All y así. Estaba preparado para un festín auditivo mañanero. Y de repente… LO ESCUCHÉ: El viento vuela-corre por las paredes de la casa y zumba. Es un sonido que atrae. A veces tenue, a veces en la onda “efecto para película de terror con mucho presupuesto”. Pero hipnotiza. Los tonos varían y lo chingón es que ningún “humano” lo está interpretando. Tampoco ninguna máquina. El viento ha pasado por aquí desde que el planeta se pudo llamar planeta. Las construcciones se interponen en su camino y el viento lanza un lamento. Es bello. No estoy marihuano, neta. No ando pacheco. Solo estoy relax. Mi festín auditivo mañanero vino de otra fuente a la que tenía preparada.
Las hojas de un árbol cercano a la ventana también son parte del ensamble. Hay silencios cortos, largos. No hay ladridos, ni cláxones, no hay reggaeton. No hay gritones comentaristas de deportes ni vecinas desquiciadas. No hay niños jugando a ser Cuauhtémoc Blanco. No está la güerita cubana que grita “No es cosa de gasto sino de gusto” con su cabellito estilo “me acaban de ultrajar”. No hay woofers mal calibrados de nacos que quieren que todos escuchemos su baja autoestima musical. No se enojen. Yo también soy muy naco… pero casi siempre uso audífonos. El viento no tiene equipo caro, no tiene peinadito emo (de hecho, creo que es el peor enemigo de esos estilos capilares). El viento no se impone etiquetas y no espera que una disquera lo descubra. No se pone maquillaje de pandita y aún así... sus rolas son poderosas y tiernas al mismo tiempo.
El viento interpreta una obra perfecta. Me pregunto si este será el famosísimo “viento de cambio”. Mi plan es aplaudir al final pero la obra hizo algo mas cabrón: me puso todo el ambiente para soñar otra vez. ¡¡¡Bravo!!! Y muchas, muchas gracias.

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