Loca Academia de Estrellas

La Academia y ahora “Desafío de Estrellas” puede parecerte algo banal y estúpido. Pero sucede algo que no sé explicar muy bien: ¿ya viste cuanta mujer hay ahí? Lo que pasa es que me caché, me descubrí, apareció la respuesta al ¡¿¡¿Por qué chingados estoy viendo esto?!?!. Sí, ya pagué mi cuota cultural leyendo una de Kerouac que no había tenido el gusto. Y ahora estaba ahí, viendo este programa. Mientras las personas a mi alrededor cantaban y hablaban de sus favoritos o hacían burla de Don Enrique Guzmán y sus ademanes de pulquero; yo me imaginaba una GRAN orgía donde las “alumnas” se besaban entre sí, se tocaban lentamente, acariciaban sus muslos, unas daban sexo oral a otras para después, con esas mismas bocas llena de secreciones vaginales, besar a las recién llegadas.
Todas juntas, tal vez en la casa de una de ellas, la sala llena (primero) de sus perfumes y el olor a maquillajes. Poco después, el ambiente lleno de sus transpiraciones por haber bailado bajo los reflectores, “los nervios” de estar siendo vistas por miles de personas, juzgadas por unos señores y ahora, por su liberación sexual.
Ahí estaba Yuridia con su vestido azul, con las dos manos en un muro, y echando su cabecita para atrás mientras Nadia, en cuclillas, besaba el sudorcito entre sus nalgas y su lengua iba un poco más allá hasta sentir pequeños vellos recién estilizados. Ninguna de ellas dice “no”. El aroma del sexo de Nadia, liberado por su posición, comienza su viaje hacia la nariz de todas. Lety y Claudia Pelayo quieren tocar las nuevas tetas de Toñita quien, para ponerle ese sabor que solo las morenazas tienen, las toma entre sus manos y demuestra que ahora ella misma puede alcanzar sus pezones con la lengua. Cinthya está harta de los niños chillones. Camina desnuda por el área. Solo se dejó los zapatos. Nota que Estrella está sentada en un sillón y la invita a recostarse. Estrella sonríe pensando: “Y esta ahora que va a hacer?” pero se recuesta. Es difícil decirle que no a Cinthya. Y Cinthya se sienta en su cara, despacito, no del todo, los músculos de sus brazos y piernas se tensan. Estrella siente el calorcito y saca su lengua, no hay prisa. Cinthya siente tal placer que parece que llora, por un momentito piensa “que bueno que me dejé los zapatos, la altura es perfecta”.
Aline y Rosalía han subido sus vestidos hasta su abdomen, se sentaron juntas y mientras contemplan las escenas, se tocan. Despacio. No entre ellas, sino se tocan a sí mismas. Ellas mas que nadie saben a que velocidad y a que intensidad deben estimularse. Aline sonríe volteando de un lado a otro, mirada vidriosa. Rosalía tiembla de repente y los dedos de sus pies se contraen, por el momento no hay nadie lamiéndolos. Es la que más vello púbico tiene de todas las participantes. Aline lo nota y al mismo tiempo ve que Rosalía estimula su clítoris con un anillo y no directamente con el dedo. La vista que tiene Melisa desde el sillón es privilegiada: Si mira a su derecha ve el sexo oscuro de Estrella y las nalgas de Cinthya que se mueven para sentir y al mismo tiempo tiene el cuidado de no ahogar a su compañera temporal. Y si mira a su izquierda, ve a Silvia y a Paula tocándose mutuamente su labia y clítoris, ambas sin dejar de mirarse a los ojos. Silvia a veces parpadea y se muerde el labio inferior. Paula es un poco más agresiva. A veces acerca su nariz a la boca de Silvia, quiere meterse hasta sus jadeos sincopados. Así, en esa posición y gimiendo, se parecen mucho. Parecen hermanas. Eso era un desmadre, pero femenino: ningún cabrón poniendo desorden. El único desorden era la alfombra llena de zapatos relucientes, tanguitas diminutas enrolladas, medias, pies desnudos, deditos tímidos.
Cuando desperté de ese sueño fue para mirar a un integrante de Uff sonriendo al ser acribillado por su falta de talento. ¡Sonreía!. De verdad. Sonreía como si supiera todo lo que les acabo de contar. Pero no. No lo sabe. Pobre cabrón.

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